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La verdad de la razón ó la razón de la verdad


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Vicente V. S.
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La verdad de la razón ó la razón de la verdad

No reírse de ello, ni afligirse por ello, ni tampoco indignarse, sino “COMPRENDER”. Tal podría ser la máxima previa a este conocimiento de la verdad que es, nuestro supremo bien. El ser humano está condicionado al orden de la necesidad, como si fuera cuestión de líneas, de superficies y de sólidos, excluyendo así su libre albedrío, ya que,” LA VOLUNTAD Y EL ENTENDIMIENTO” son una sola y misma cosa. Y es que el alma no quiere o no se realiza como tal sino en calidad de idea del entendimiento, el cual es expresión del primer y único fundamento de la virtud que es el esfuerzo propio de toda cosa de persistir en su ser. Creo que una cosa es libre cuando existe y está determinada a actuar por la sola necesidad de su naturaleza. Comprender es tanto querer comprender la voluntad de Dios como querer lo que Dios comprende. Somos aún más agentes en el mundo cuanto pacientes en Dios, y a la inversa. Las cosas que juzgamos buenas o malas dependen de nuestra buena voluntad, pero nunca al revés. Tales son las condiciones de la libertad humana como autonomía racional. Además, el ser humano sigue siendo perfectible en razón del esfuerzo intelectual o autocrítica realizada en el logro de su transparencia intelectual en el orden divino inmanente del mundo, la perfección de las cosas debe ser estimada sólo según su naturaleza y su capacidad, y no según la representación eventual de un fin providencial o paradigmático. Basta, con dar a la persistencia de todo ser una representación adecuada, es decir, consciente de ella misma en el deseo, para proporcionar gozo o tristeza según aumente o disminuya nuestra capacidad de actuar. El amor y el odio, la esperanza o el temor, no se distinguen de ambos afectos primitivos más que por la imaginación de la que proceden. Así, por ejemplo, el amor es un gozo que acompaña la idea de una causa exterior, es decir, una afección corporal determinada por la imagen de un objeto exterior y por tanto imaginario. En este sentido, el amor no es más que una alegría imaginaria, o una imaginación de la alegría. Sin embargo, el conocimiento racional puede liberarnos de la alternativa que nos hace experimentar sucesiva y simultáneamente el amor y el gozo, porque el conocimiento del bien y del mal no nos da más que un poder relativo sobre nuestras imaginaciones o sobre nosotros mismos, de la misma manera que la imagen mental del Horizonte que percibimos nos obliga a una alternativa que traiciona nuestra pasividad, pues mientras no conozcamos el Horizonte conjeturaremos inevitablemente sobre su alejamiento o su proximidad. Nadie puede sin equivocarse odiar a Dios a los hombres y la naturaleza.
En definitiva estamos condenados a entendernos y tratar de comprender al otro, si y utilizamos la razón podremos con voluntad entendernos y mirar hacia el horizonte con esperanza y libertad algo que es necesario para disfrutar de una colombofilia de progreso y en paz.
Saludos Cordiales
Vicente Vega Santana
Gran Canaria

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